(Un artículo de Haci Osman de Kuleonu, que es uno de los estudiantes de Risale‑i Nur)
¡Mi venerable Maestro!
Hace unos años que he escuchado Risale‑i Nur; funcionaba como una medicina para mis heridas espirituales, que recibí una en mil. Pero leímos con Mustafa y con mis amigos el Destello Veinticinco, que es para los enfermos, y el Destello Veintiséis, que es para los ancianos, los escuché con total fervor. Vi que afectan bien a las heridas en mi cuerpo; dije a mis amigos: Ya que el efecto de Risale-i Nur es tan fuerte, decidí escribirlo. Pero no sé leer ni escribir, para ayudar a Risale-i Nur tan valioso. Ya que no tengo pluma, que me asignen como sirviente y cartero; lo dije de una manera triste.
Esa noche en mi sueño, me dejaron en la tumba como fallecido y lavado. Llegó el tiempo de la Resurrección, me levanté de la tumba con mortaja, con mi cabeza destapada, y mis pies descalzos. Cuando venía a mi pueblo con temor, mi camino pasó por un puente grande. Habían dos guardias en dos lados del puente. Pasé de uno, de repente el otro me atrapó. Todo mi cuerpo temblaba, pensando acaso a dónde me llevará. Después de ir un poco antes de llegar al final del puente, me entregó a mi Maestro. Mi Maestro me lavó y me dejo.
Luego, toda la gente siendo militares se juntó en una mezquita. Un soldado llegó a mí y me dijo: Te asignaron como un sirviente para un comandante grande, irás. Yo dije: Un soldado miserable como yo, cómo puede servir a ese generalísimo. Objeté. De nuevo repitió, irás. Yo con temor fui. Cuando vi que allí estaba mi Maestro, me puse alegre. Me dijo: “Ven atrás mío.” Subió a un palacio alto. Me dijo: “Cumple estos servicios pequeños”. Cuando yo pensaba, llegó el Señor Süleyman de Barla. Cuando estábamos juntos, mi Maestro fue a un jardín hermoso de rosa. Allí un pequeño joven estaba sentado, me dijo: “Tú harás servicio a este joven”. De repente me desperté.
¡Oh hermanos míos! Ya que mi Maestro por ocho o nueve años anuncia que él no tiene algo, que solamente se asignó a una tienda de diamantes, que todas la necesitan, y que es el heraldo del Corán. Todos necesitan escribir, leer y escuchar Risale‑i Nur; por eso ¡oh musulmanes! Si buscan medicina para sus heridas espirituales, hay en Risale-i Nur. Que escriban, lean, su fe se elevará en ese grado. No duden nada.
Beso a sus dos manos benditas y le felicito por la fiesta.
اَلْحُبُّ فِى اللَّهِSu alumno ignorante e inhábil Hacı Osman