Es el final de la Segunda Sección de la Vigésima Sexta Carta
(Un principio para los amigos que se encontraron conmigo, o que quieren encontrarse conmigo; se escribió a algunos hermanos que están lejos.)
Percibí un deseo de encontrarse conmigo. Hermanos míos, encontrarse conmigo es de dos aspectos. O respecto al mundo, es decir respecto a la vida social del ser humano. Cerré la puerta de este aspecto. O respecto a la vida del Más Allá y la vida espiritual. Esto también tiene dos aspectos.
Uno: tener una buena consideración a mi persona, que es superior que mi alcance, tener una intención de tomar un beneficio espiritual de mi persona. Tampoco acepto este aspecto. Porque, yo soy solamente un sirviente del Corán‑i Hakím, soy un heraldo de esa tienda sagrada. No sacaré a la venta las cosas miserables y sin importancia que están en mi tienda personal, tampoco quiero sacarlas a la venta. Porque, para no traer dudas al valor de los diamantes sagrados del Corán-i Hakím, si vendiera los vidrios rotos que están en mi miserable tienda personal, los clientes que no son verdaderos joyeros, pueden considerar los diamantes como vidrios que ven en mis manos, cuando soy el heraldo. Viene una confusión y una duda a su mente. Por eso, ciertamente cerré mi tienda personal. Ser el sirviente de esa tienda sagrada es suficiente para mí. Si fuera un sirviente insolvente, eso me gusta más.
El segundo aspecto es esto: Encontrarse conmigo por cuenta del Corán, en el punto de ser su heraldo y sirviente. Acepto con mucha consideración y respeto a aquellos que vienen en este aspecto. Pero para este encuentro, el este y oeste no obstaculizan. Tal vez abajo y arriba de la tierra es lo mismo. No hay tanta necesidad de encontrarse personalmente.
Esta relación y encuentro espiritual tienen tres frutos:
Primero: Tomar las joyas de la tienda sagrada, que yo soy su heraldo. Así que por ahora les mandé doce joyas pequeñas de esa tienda.
Su segundo fruto: Como el resultado de esta relación y encuentro espiritual, acepto que sean hermanos del Más Allá a aquellas personas que cumplen cinco oraciones obligatorias, y que dejan siete pecados grandes. Cada mañana, suplicando al tribunal de Cenab‑i Hak, para que lo que es mi ganancia espiritual se escriba a la página de obras de esos hermanos del Más Allá, les regalo mi ganancia espiritual. Ellos también deben hacerme participar en sus bondades espirituales y en sus rezos, para que reciban su porción de nuestra ganancia.
Su tercer fruto: haciéndolos presentes conmigo –o verdaderamente, o imaginativamente– rezamos juntos abriendo nuestras manos al tribunal Divino; dando mano a mano, corazón a corazón en el servicio del Corán, hacer una conexión de corazón de una manera muy seria. Así que, hermanos míos, estos tres frutos se producen ya en ustedes.
Said Nursi