(El artículo de Ahmed Hüsrev)
¡Mí querido noble Maestro y mi Señor compasivo!
Beso sus manos y pies con fervor, y presentando mi respeto. Hace dos días recibí sus palabras muy valorables, iluminantes y refulgentes sobre las respuestas a las preguntas del Señor Hulusi. Las respuestas de las preguntas fueron tan sutiles que no pude satisfacerme de leer, ni pude comprender debidamente según mi comprensión.
A pesar de que el noble Muhyiddin‑i Arabí, que es uno de los aceptables, no pudo en cada libro suyo guiarlos por el buen camino; los motivos de esto y de su error se explican de una manera tan profunda y sutil, que leí esta elevada lección de usted con otros hermanos míos. Dije: “Mis estimados hermanos, me beneficio de esta lección elevada y comprendo algo importante. Pero no puedo resumirlo ni juntarlo en mi mente, ¿qué piensan ustedes?”
Aquellos que estaban presentes indicaron la sublimidad de nuestra lección; damos miles de agradecimientos por alcanzar estas obras iluminadas, en una época en que el Islam está expuesto a los ataques incesantes. Especialmente la sutileza del píe de página de la última respuesta al médico, mostró sus efectos en nuestras caras.
Por un lado se explicó los motivos de la prohibición de la carne de cerdo de una manera muy agradable; por otro lado con las luces que brillan de su mente elevada, usted indica que muy pronto brillará el sol del Islam en los horizontes del mundo. Qué Cenab‑i Hak esté complacido con usted infinita e inmensurablemente.
Mi querido Maestro, este inhábil alumno suyo, que se refugia en su ayuda espiritual con esta inhabilidad mía. Y tengo una esperanza así, de esta manera que: en este valle en que Hallak‑i Kerim me emplea sin mi intención, inshaallah me otorgará una comprensión y habilidad, con la ayuda espiritual del rezo de usted.
Su insignificante alumno Ahmed Hüsrev