(El artículo de Zekâi)
Mi corazón, dentro de una necesidad profunda y fervor en estos días benditos, desea visitar a mi Maestro. Tal como todas las plantas sienten una necesidad para lluvia en los tiempos calurosos de los días de verano, Asimismo Zekai también necesita y anhela los consejos e inculcaciones de mi Maestro.
Maestro mío, los días benditos vinieron y pasaron muy rápido. Los pobres que son heridos con heridas espirituales como yo, en los días benditos como estos, seguramente pidieron e invocaron a Hallak‑i Alem para el perdón de sus pecados, y para que resulten sus propósitos. Qué Cenab-i Hak perdone nuestras faltas en aras de lo sagrado de Su mes de perdón, ámín.
Mi querido Maestro, esta vez con un permiso de tres días, fui a Atabey y visité a mis padres y a mis amigos del Más Allá.
¡Ay mi Maestro! A veces los eventos aparentes lo hacen a uno pensar mucho. Sin intención, hace caer al espíritu dentro de un sufrimiento extraño y mezclado con compasión. En estos momentos una desesperanza que surge de las indecisiones de la vida, nos hace triste. Anhelamos a la compasión y misericordia.
¡Maestro mío! Pienso que siempre y cuando este pobre no se aleja de las situaciones de la vida que obligan a las relaciones sociales, mi corazón no podrá encontrar una serenidad total en su lugar de descanso. Inshaallah, con la ayuda espiritual de su rezo, alcanzaré a esos estados con seguridad. ¿No es demasiado explicar estos sentimientos míos, para un espíritu que fue entendido?
¡Mi honrado Maestro! Le felicito por la fiesta de Ramadán, que deseo alcanzar el honor de pasar muchos ejemplos suyos bajo el liderazgo de nuestro Maestro; presento mi respeto y beso sus manos y pies benditos, mi querido Maestro.
Su alumno pecador Zekâi