(El artículo de Ahmed Hüsrev)
¡Mi querido Maestro!
Recibí la carta de usted que da consuelo a este pobre alumno suyo, y la leí después de besarla. Por los sufrimientos de las heridas espirituales que aparecen en mí espíritu, solía estar muy dolido. Mi espíritu no podía estar paciente ante la vileza de obstáculos a sus alumnos, que corren a usted obedeciendo sus órdenes para Allah, con mucho fervor, queriéndole a usted y a los lemas de la religión, a los que usted tiene un respeto superior que todo, y que usted pone mucha atención por causa de su importancia. Percibía una efervescencia en mí espíritu, que quiere reunirse con su creador lo antes posible. Por otro lado, debido a que no podía recibir información de usted, me aplastaba infinitamente bajo la tristeza. Cuando quería encontrar consuelo, refugiándome en el tribunal Divino para la destrucción de los crueles, esta carta de usted otorgaba consuelo de una manera de consentir al destino Divino. Yo también digoسَمِعْنَا وَ اَطَعْنَاy dejo la petición de destrucción.
¡Oh mi querido Maestro compasivo!
Su alumno que a cada momento necesita su rezo, si pienso por cuenta mía, puedo relajarme un poco espiritualmente. Pero cuando pienso por cuenta de mi Maestro y mis hermanos, mi dolor y desesperanza aumenta desde uno a mil. Mi espíritu de repente se enfurece. Por cuenta de Cenab‑i Hak, de nuevo no quiere obedecer
¡Honrado Maestro!
Esos golpes grandes que se dieron al mundo Islámico, sé que vienen al hombro de usted por cuenta del mundo Islámico. Sin embargo, con su espíritu elevado, su benevolencia sublime, su paciencia superior que el límite, muchos otros atributos suyos muy agradables, y con su compasión, que se nota sus signos explícitos, superior que estos; resulta que usted hace buena oración sobre los crueles.
Su Alumno Ahmed Hüsrev