(El artículo de mi hermano Abdülmecid. De la carta que él escribió al Señor Hulusi.)
¡Oh el honrado de “el Aziz”, el venerable alumno del Noble Seyda!
Con alegría recibí su carta, con buenas noticias, que la había anhelado. Que exista usted. Se debe escribir su respuesta, pero qué pueda escribir yo. El espíritu está mal, el corazón está desagradable y mi cabeza está vacía. Porque siempre y cuando pienso en los salvajismos, las ansiedades, desesperanzas y maldades que gotean de mis cuatro lados, mi mente y espíritu se movilizan para ir a la locura, es decir a la insensatez o para ir al paraíso, es decir a Damasco. Es por este motivo, debido a que no puedo cumplir el ser un alumno del Seyda, es decir al Maestro, y el ser hermano de usted debidamente; por eso no sé qué escribir.
Además las cartas que vienen de usted surgen de una mente pura, limpia e iluminada, por eso dan luz a aquellos que las leen. En cuanto a las cartas que surgen de mi mente oscura, temiendo a la posibilidad de dar oscuridad a usted, temblando no puedo atreverme a presentarlas.
Abdülmecid