(El artículo del Medico Ibrahim)
¡Señor mío!
Cada semana me encuentro con todos mis hermanos del Más Allá, que viajan en una gran carretera radiante e iluminada, y siempre que escucho las noticias de los soles del conocimiento y refulgencia como las partes de Risale‑i Nur, que aparecieron sin interrupción, mi espíritu se abre como las rosas, se sumerge en alegría y relieve. A pesar de que me esfuerzo para aprender unos asuntos en la proporción de mi capacidad, siempre y cuando veo que mis hermanos escriben y presentan los artículos, que tratan de los asuntos que reflejan a sus espíritus de este océano de luces, por causa de mi pena y sufrimiento, que surge de mi carencia de éxito, suplico “ayuda”. Mi espíritu llora diciendo “Qué difícil es ser analfabeto”. Confesando, digo “Ibrahim, lo mereces”. Finalmente, sin dejar mi esperanza en mi Rab, digo: “Una institución tiene gerente, asistente del gerente, secretario, distribuidor, agente de cobranza y sirvientes. ¿Qué daño hay si este pobre esté en parte con el nombre de distribuidor, y en parte con el nombre de sirviente?” así, encuentro consuelo.
Ibrahim