(El artículo de Ahmed Hüsrev, que él escribió en relación de la Segunda Sección del Destello Catorce de la Carta Treinta y Uno.)
¡Mi querido Maestro y mi noble Señor!
Hace tres o cuatro días recibí otra Luz más de esa magnificente colección de Nur, que extrae buenas noticias de la Palabra Sagrada de Cenab‑i Hak, y las difunde al mundo, que nos hace embriagados con sus refulgencias como las olas de los mares ardientes, que nos ilumina con sus luces inagotables como la luz inextinguible del sol fugaz en el día, que camina en el principio de no ahogar a alguien en sospechas, que habla con una elocuencia exclusiva a ella misma, con una capacidad de cautivar las mentes, que hace girar los oídos y las miradas hacia sí misma.
Esta luz buriló sus rayos radiantes a nuestras mentes, con seis misterios que corresponde a treinta misterios de miles de misterios de “Bismillahirrahmanirrahim”, que es el agradable lema del Islam, y que es el descubridor de ese gran tesoro de misericordia; con los rayos que vienen de mil y un nombres Divinos de la clemencia, enseña que los otorgamientos infinitos e inmensurables de Subjan se mandan a la ayuda del ser humano, a través de la ayuda Divina; de esta manera nos sumergió en un mar infinito de refulgencias.
Con la repetición de esta sagrada y bendita palabra en el inicio de cada Sura, se explica su importancia y magnificencia; es un intercesor bendito que se repite en cada asunto bueno que uno haga; proporciona una estatura que le hará subir a la presencia Divina al ser humano que está en el globo terráqueo; conecta al ser humano que lucha dentro de la total impotencia con Kadír‑i Mutlak; de esta manera se muestra el valor y la dignidad del ser humano; con el noble Hadizاِنَّ اللَّهَ خَلَقَ اْلاِنْسَانَ عَلَى صُورَةِ الرَّحْمَنِel ser humano se alimenta con la misericordia Divina, que se exhibe de los rayos de las manifestaciones de mil y un bellos nombres divinos de Munim‑i Hakiki; de esta manera se explicó que el ser humano es la manifestación total de la misericordia.
¡Mi querido Maestro!
Este tratado dirige la mirada del espíritu del ser humano, su mente, corazón e imaginación a la cara del universo con “Bismillah”, a la cara del globo terráqueo con “Er‑Rahman”, a la cara espiritual de su propio género. Muestra la grandeza y sutileza de la abarcativa misericordia general.
¡Mi estimado Maestro!
A donde va mi mirada, cualquier asunto razona mi mente, con cualquier cosa se ocupa mi imaginación, cualquier cosa escucha mi oído, a cualquier lugar va mi corazón, en esos lugares donde ellos pasean, y a las cosas en que ellos coinciden, ven muy grandes obras de misericordia, que mira al ser humano. Ven que los cielos y el globo terráqueo, con toda su magnificencia, se vuelven en un lugar de excursión del ser humano; el paraíso se vuelve en la morada verdadera del ser humano. El globo terráqueo se transforma en una casa. Los habitantes de los cielos, cientos de miles de seres que salpican la faz de la tierra, y las variedades de plantas, corren para las necesidades de los seres humanos. Desde los mosquitos hasta los peces, desde las partículas hasta las estrellas; cada ser creado con arte, pequeño o grande no miran con horror a la cara de los seres humanos, sino con sonrisa.
El espíritu que no puede dejar de observar a este palacio impecable de Hálik‑i Azím, que es infinitamente Rahim, se vuelve a sí mismo. Mira al cuerpo que se formó y que se subyuga con las infinitas sutilezas de la misericordia. Entre sus sentimientos, pone su atención solamente en su imaginación. A pesar de que el sitio que se asignó en el cerebro para ella, es como la semilla de mostaza, siempre hace que todo el universo pasee en la casa de la imaginación, como cinta de cinema. La memoria es un tipo, la mente es otro tipo diferente, razona con otra característica, el corazón es más distinto, otras facultades sutiles que están en función en las personas virtuosas, son distintas; comparando estas con el área espiritual que ocupan los sentimientos aparentes, como el sentido de la vista, oído, gusto, tacto y olfato; a pesar de que ellos se localizaron en un lugar infinitamente pequeño en mi cerebro, no interfieren uno al otro, no interrumpen el deber entre sí, trabajan en diferentes deberes, y en distintas esferas, de una manera muy ordenada. El espíritu ve cada detalle de cada parte y de cada órgano del cuerpo del ser humano, que incluso los médicos son incapaces de resolverlo a pesar de estudiar por años. El espíritu que observa esta máquina, que deja las mentes en asombro, que se formó con misericordia en este nivel alto, que trabaja con tantos distintos deberes, piensa en el nivel de su propiedad sobre esta máquina. Cuando ve que su orden no afecta a algún órgano, busca un lugar para refugiarse, una morada para resguardarse y un ser que nos pueda dar nuestra necesidad. Así, en ese momento haciendo la postración del agradecimiento a Hallak-i Azím, que nos alimenta con tanta misericordia suya, llora, llora y llora. Bota todos sus problemas. Refugiándose en la benevolencia y a la gracia de Él, solamente de él, pide perdón y suplica que esté en el paraíso prometido, en el Más Allá con aquella gente que él quiere, tal como está con ellos en este mundo.
Ahmed Hüsrev