(Un artículo de Hafız Ali, que muestra de qué manera recibió su lección.)
¡Mi venerable Maestro!
Yo mismo leí una sola vez la Segunda Estación del Destello Catorce de la Carta Treinta y Uno. Me beneficié muy poco y percibí un placer en mi mente. Despertó un deleite espiritual en mis segunda y tercera repetición, tanto que si mi corazón y pluma hubieran podido expresar a mi espíritu, me hubiera atrevido a notificar, tal vez en cierto grado a usted que es mi Maestro. ¡Ay! Ni mi corazón, ni mi pluma y ni mi espíritu. Aparecieron frente mío con inhabilidad y confiesan su falta.
¡Mi querido Maestro! Las luces del Corán que esparce luces y que abre la puerta de la misericordia bajo el nombre de Palabras, en realidad llevan un sello particular y distinguido. Muestra que; desde cada parte suya tiene una puerta pequeña o grande a la abarcativa misericordia Divina, y mostrándola deja esas puertas abiertas. Cuando leía este bendito tratado con mis hermanos Süleyman, Zeki, Zekai y Lütfü, se me mostró un palacio adornado y enorme en mi imaginación. Para mirar su realidad, verdad, anchura y adornos, subí con espíritu y miré; volví con cansancio y con una mirada corta. Mi hermano Zekai todavía seguía leyendo. De nuevo vi un palacio existente, fascinante y ostentoso; más pequeño y que tiene la misma forma del palacio anterior, y que fue lo mismo respecto al valor y característica. Quería abrir su puerta y mirarlo. No tenía llave. De repente, de la boca de mi hermano escuché “Bismillahirrahmanirrahim”. La puerta se abrió.
Dije: “Eljamdülillaji alâ nur‑il iman ve jidayet-ir Rahman”. Vi que los equipamientos y adornos del gran palacio se instalaron en ese palacio pequeño. Simplemente fue como un reloj que consta de ruedas, y como un tejedor que contiene muchos hilos. Miré atentamente, vi a aquel que da cuerda al reloj y que le hace funcionar, aquel que pinta esos hilos con distintos colores y que los teje; lo vi de una manera muy clara, tal como es el sol que hace el día cuando se explicó. De nuevo dije “Elhamdulillah” y cuando tomé el índice y ejemplo de ese gran mundo a mis manos, fui de viaje sin temor.
¡Mi venerable Maestro!
Esta palabra enseña una verdad tan grande que; ya no queda algo desconocido para el ser humano, y algo que no sea posible de saber. Usted explica que: Cada cosa que él ve, se vuelve en un amigo cercano. Los valles secos y los desiertos anchos y el gran globo terráqueo, son como un jardín que se preparó por Hálik‑i Rahim; su misterio es “Bismillahirrahmanirrahim”; si no se encuentra su misterio, y si no se toma ese misterio, no será posible vivir en ese jardín; aunque uno viviera allí, vivirá como un extranjero en cualquier lado suyo, cualquier paso suyo se despreciará; no pasará una vida, sino estará como un ser sin vida. Especialmente en la oración ritual, que es la Ascensión del creyente que se vuelve con “¡Ay!” sin comprender cada día cuarenta veces, el misterio deاِيَّاكَ نَعْبُدُ وَ اِيَّاكَ نَسْتَعِينُ, se muestra como un botón tanto que cada creyente ve una fábrica de electricidad en el mundo de su propia existencia. Y cuando enciende su botón, muestra todo el mundo con luz.
¡Mi querido Maestro! Qué Cenab‑i Hak haga que estas obras valiosas lleguen a sus siervos hasta el Día del Levantamiento. Con esta oración terminó mi palabra, mi Señor.
Su Alumno Defectuoso Hafız Ali