(El artículo del Señor Rüşdü)
¡Oh mi estimado Maestro!
El otorgamiento tan enorme de usted; siempre y cuando recuerdo que logré el honor de ser el último estudiante ante la consideración de nuestro querido Maestro, rezo al Noble Cenab‑i Vacib-ul Vücud de día y de noche. A veces cuando mi cabeza está en postración, permanentemente lloro. A pesar de que la grandeza de mi pecado e inmensurabilidad de mis faltas me hacen temblar, el rezo de mi querido Maestro y la misericordia de Cenab-i Hak me consuelan.
Leo con total fervor cada tratado que manda usted. Tal vez cada día estoy con mis hermanos valorables en un lugar. Mi beneficio es mucho. Siempre recibo las refulgencias espirituales de usted, que es mi Maestro.
Sí, mi estimado Maestro si pudiera escribir mis sentimientos, cada semana correspondería con mis cartas; y escribir cartas a usted es la alegría más grande para mí. Apoyándome a su perdón, en los tiempos aparentemente en silencio y espiritualmente abro las manos a la Presencia de Jüda, siempre y cuando su impotente alumno Rüşdü le presenta su inhabilidad, a cambio recibo los favores de mi querido Maestro, ante esto, doy respuesta con mis lágrimas, mi Señor.
Su Alumno Rüşdü