(Un artículo de Hafız Ali)
¡Mi estimado Maestro!
Recibí una parte de Luz, que lleva el nombre elevado “La Razón de Refugiarse en Allah”, que es el Destello Trece de la Carta Treinta y Uno. Elhamdulillah, tuve éxito de copiarlo. Qué Cenab‑i Hak otorgue tratados como esto de Su tesoro infinito. Ámin bi-jürmeti Seyyid-il Mürselin.
¡Mi Maestro y Señor! El tratado que lleva esta verdad magnificente, hizo una eficiencia muy enorme a este pobre alumno suyo; mi mente, todos mis sentimientos y facultades sutiles se disiparon por consiguiente de estas verdades magnificentes; se volvieron en un estado de unirse. Como la luciérnaga que queda ante la luz del sol en el día, tal como ella no puede describir el sol y tampoco las cosas que están en su esfera a través de su luz, este pobre también se volvió en ese mismo estado.
Primero: Este tratado puede ser un hermano mayor de otros tratados sobre la Unidad Divina. Porque, tal como otra masa de Luz mostró muy explícitamente la manifestación de la belleza y perfección de Cenab‑i Hak y Sus Bellos Nombres en el gran universo, incluso a los ciegos. Asimismo, esta parte de Luz descubre y muestra muy ciertamente los medios y artimañas más grandes, que causan la perfección, caída, eternidad e inexistencia del ser humano, que es el mundo pequeño, el espejo de los Bellos Nombres Divinos, y que tiene el rango de ser el espíritu de la creación del mundo.
Segundo: Cuando pensaba en estas verdades, ocurrió en mi corazón que: Tal como el Hüdhüd del Süleyman fue el medio de encontrar el agua sin excavación en los lugares del globo terráqueo, que no se sabe dónde está su agua. Asimismo, este tratado como el Hüdhüd del Süleyman, exactamente muestra el corazón, que es el hogar de la luz de la fe en el cuerpo –que consta de los opuestos– del ser humano, que es el universo pequeño. Tal como el botánico que examina las plantas dañinas e inofensivas, encuentra el agua de vida; esta obra elevada, en la que pude entender y ver solamente una milésima de su verdad, difunde el agua de vida a todos los creyentes y a todos los seres conscientes, a través de sus luces como el Corán‑i Hakím, que es su fuente verdadera.
Hafız Ali (R.H.)