(El Artículo de Hüsrev)
¡Mi querido Maestro!
Con mis hermanos y amigos leí repetidamente el Destello Once de la Carta Treinta y Uno, que verdaderamente merece el nombre “La Escalera de la Sunna y el Antídoto para las Enfermedades de las Innovaciones Ilícitas”. Este tratado, que se inicia con muy grandes buenas noticias del Profeta, cada uno de sus once puntos sutiles se escribió con una belleza diferente y con una sutileza diferente; también cuenta los beneficios materiales y espirituales de seguir la Sunna y entrar por las puertas que se abren a la mente. Mirando por las puertas y ventanas que están dentro de cada puerta, queda en admiración ante las verdades que ella ve. A través de las pruebas que él muestra, dando respuestas perfectas y ordenadas a las objeciones de los oponentes, los confronta. Diciendo a la gente fervorosa “Si entran por las puertas que les muestro, alcanzarán a una felicidad eterna sin dificultad”, aconseja a cada musulmán considerar el seguir la Sunna del Profeta, como el principio de su vida. Cuando enseñaba su lección –que es un asunto enorme– a sus estudiantes de una manera entendible para ellos, dice: “Yo soy aparentemente un tratado pequeño, que consta de 15 o 16 páginas. Pero en la realidad, con la luz que emito, tengo una grandeza de pasar los mares muy enormes, y un poder de tapar las luces de las estrellas. La afortunada es aquella persona que me burila en su memoria y que actúa conmigo”. De esta manera nos guía con sus palabras elocuentes, muy elevadas e infinitamente sutiles.
Ojala tuviera poder de escribir cien o doscientos de este tratado, que muestra esta verdad. ¡Ay! Mis manos son cortas, mi esfuerzo es limitado; mi impotencia es un obstáculo para cumplir mi deseo de cada bondad. A pesar de desearlo tanto, solamente pude presentar una sola copia que pude escribir. Si se acepta con una buena consideración, será una gran felicidad para mí.
Leí tres o cuatro veces el Destello Doce, que se trata de las capas de los cielos y del globo terráqueo, y del acto del Noble Ahmed Bedevi, como un keramet. ¡Mi querido Maestro! Se describe con un lenguaje muy agradable, que el sustento que necesita cada ser vivo está bajo el compromiso de Rezzak‑i Hakiki, y el sustento está solamente en las manos del poder de Munim-i Hakiki; y se da una lección tan afable y elevada a sus estudiantes, que la mente no puede encontrar un camino al desvío, el alma maligna al rechazo ni el corazón a negarse. Tal como los ejércitos que ganan el triunfo, hace que todas las facultades del ser humano digan “¡Oh los tratados valorables, oh las Palabras iluminantes y refulgentes; la arena es para ustedes! ¡Les sometimos! ¡Con las palabras verdaderas del Hálik-i Azím, que subyuga a la humanidad y a todos los seres, nos muestran el camino bien guiado y el camino recto!” Especialmente cuando uno está leyendo las verdades agradables, placenteras y deliciosas de los significados abarcativos y generales de las aleyas magnificentes, sobre las siete capas del globo terráqueo y de los cielos, ojala la pluma de uno pudiera expresar sus sentimientos, y pudiera corresponder a estos tratados… ¡Ay!
Aunque es imposible comprender todas las partes suyas, –en esta parte– empezando de las siete regiones del globo terráqueo, sus siete capas unidas; no hay algún obstáculo en que los seres luminosos que están en estas capas, pasen de una a la otra; la transportación de electricidad, luz y calor; la materia del éter que abarca todo el universo; no hay algún obstáculo de aceptar las siete capas de los cielos; todos estos se demuestra con las distintas pruebas científicas, lógicas y razonables; finalmente se confirma las expresiones Coránicas sobre los siete niveles de los cielos y las siete capas del globo terráqueo; la mente y el corazón no pueden encontrar un medio para entrar en sospecha; todo esto muestra que son un keramet enorme y especial, que muestra la grandeza de los tratados. ¡Que escuchen aquellos filósofos y astrónomos que no pueden ver esta magnificente verdad Coránica, como esto!
Sí, ¡mi querido y valorable Maestro! Tal como creo, con una convicción cierta, en que estas obras iluminantes e inigualables eliminan las sospechas del ser humano y no dejan algún punto oscuro que invitará a las dudas; Asimismo esta convicción mía se confirma generalmente por mis hermanos con los que tengo contacto, y por las personas que estudian los tratados. En esos momentos, cuando escuchó su confirmación, percibo que una alegría me abarca todos mis lados.
¡Oh mi querido Maestro! No puedo encontrar palabras para rezar por usted en cualquier tema. Ante tantas bellezas, qué Zát‑i Zulyemal corresponda otorgándole miles de bellezas a usted, de su tesoro de misericordia. ¡Ámin!
Ahmed Hüsrev