Tuve éxito de completar la Primera Estación de la Palabra Treinta y Dos, que es el regalo de Ramadán. Si la ayuda Divina me acompaña, inshaallah escribiré los otros durante el tiempo que usted me ordenó. A pesar de que es necesario y merecido escribir estas Palabras tan valorables y luminosas, con el escrito más lindo e incluso con oro, por el destino Divino, escribirlas con el escrito miserable de este pobre hermano suyo, con errores y tal vez que apenas se lee, me induce a aumentar el agradecimiento y alabanza. Estaré muy triste de estar materialmente lejos de los saludos que me otorgan alegría, de los cumplidos de su benevolencia y de las sabias órdenes escritas, valorables como todo el mundo, que cada una de ellas es como un apéndice, explicación y pie de página para Risale‑i Nur.
Pero no pienso así respecto a la espiritualidad, y dondequiera que este yo, con la ayuda de Bari, me esforzaré para encontrar un interlocutor que escuchará la lección que recibí; sin considerar mi inhabilidad y pobreza en el camino de la difusión de la verdad, a través de su rezo, solicitaré cualquier solución de la que yo sea capaz. Por eso, encuentro el consuelo.
Solamente, ocuparse con los deberes mundanales, en parte obstaculiza mi ocupación con las Palabras luminosas, que me gustan por mi naturaleza y que estoy enamorado de sus verdades. Por esto estoy afligido; pero no soy capaz de hacer algo. Cada día que pasa muestra la cara mala y efímera del mundo con mucha desnudez, y provoca lamentos para los tiempos en este mundo, que pasan sin ganar algo para la vida eterna y permanente. No estoy tan afligido de nuestra separación aparente. Especialmente, la última lección del querido Maestro, ciertamente da las buenas noticias de que hay una vida eterna, que está en un grado muy superior que la situación más placentera de este mundo efímero.
Hulusi