En la primera noche de mi llegada, empecé a leer Risale‑i Nur confiando en Allah, a las personas que siguen en el cuarto que mi padre asignó para los visitantes, desde el atardecer hasta la noche.
¡Querido Maestro! Tal como notifiqué anteriormente, pienso que yo ya vivo solamente para una cosa. Ella consiste en una ayuda y un servicio muy pequeños, por cuenta del Corán, en cumplir el deber asignado y espiritual de mi Maestro, que es el heraldo del Corán. Especialmente ruego que no se me prive durante su estadía allí, de las extracciones y manifestaciones que saldrán del Noble Corán, por cuenta de la verdad de la fe e Islam. Inshaallah, con el rezo aceptable de usted, que Allah‑u Zulcelal me haga llegar al resultado que espero y deseo en el servicio de Risale-i Nur, que otorgue fe y ayuda en el último respiro, como el difunto Abdurrahman, que me dé una vecindad cerca y atrás de usted –que es mi Maestro– y de nuestro Señor, el mensajero más generoso, Muhammeden-il Mustafa (Sallallahu Teala Aleyhi ve Sellem) en la felicidad eterna; de esta manera que me haga llegar a los deseos verdaderos.
Aunque aparentemente, Risale‑i Nur es su obra, pero tal como mientras que el Corán-i Mubin es la palabra de Allah, nuestro Señor, que es el Señor del universo y el Más Honrado de los seres, fue el medio de notificarlo a la gente; usted también con la orden de Hak, dirige a las actuales personas ebrias y muy confundidas, de las luces de tal Furkan-i Azim. Ahora bien, ese Hakím-i Rahim que le hizo hacer estas obras no las dejará bajo los pies. Creo en que, seguramente, entre los mortales, Él creará dueños, protectores, heraldos y difusores en el segundo, tercero e incluso en el décimo grado, tal vez entre aquellos que no se espera nada.
Hulusi