La semana pasada, leí el primer y segundo Apéndices de la Carta Veinticuatro a dos distintas congregaciones. Los oyentes quedaron en admiración, y este pobre simplemente salió de su ser por causa de ese brillante milagro del Corán. Estudio esta obra suya, en el grupo de aquellas más brillantes de Risale‑i Nur y Mektubat-un Nur. Hoy es viernes. Leí la Palabra Once y Trece a nuestro vecino, el Señor Fethi. En los tiempos en que puedo encontrar oportunidad, salvándome de los trabajos mundanales, corro a esas benditas ventanas iluminadas. Trato de recibir mi alimento espiritual, y en lo que puedo encontrar de compartir con un interlocutor como él.
Hulusi