Los creyentes –especialmente los estudiantes de Risale‑i Nur que conmemoran a Allah, y que creen en la Unidad Divina– entraron en un camino y una carretera grande, que esa carretera es muy recta, iluminada y agradable. Sus dos lados se forman de las tiendas de diamantes y perlas. En la cabeza de estos, cada una de las ciento veinte partes de Risale-i Nur, que vinieron de los veredictos del Corán y de las aleyas explícitas del Corán-i Kerim y Furkan-i Hakím, es un gran guía espiritual, un guía virtuoso, un castillo fuerte, una espada diamantina. Entonces, ¡oh Lütfü! aférrate a Risale-i Nur fuertemente, para que encuentres un virtuoso guía espiritual. Pon la Unidad Divina en tu lengua, para que entres en este castillo poderoso; que seas un sirviente al Corán de Milagrosa Exposición, que es la palabra del Feyyaz-i Mutlak, para que sostengas esa espada diamantina.
Así que, salta con esa espada sin miedo, golpeando a las cabezas de los incrédulos que metieron sus cabezas dentro del pantano por embriaguez. Luego, por lo menos tú también un poco, sigue ese camino recto que es la Ley Brillante de Muhammed, que llegaron sucesivamente sus pruebas contundentes comoفَاسْتَقِمْ كَمَا اُمِرْتَdesde nuestro Señor y Profeta Sallallahu Teala Aleyhi ve Sellem, en que el autor de todo Risale‑i Nur, que es nuestro Maestro, creció y paseó libremente; así que tu cabeza encuentre la salvación.
El pasado viernes copiaba el misterio de “Bismillahirrahmanirrahim” para mi Maestro, continuando con una angustia en mi espíritu. Lamentablemente, la infinita invasión de mis enfermedades de nervios, dejó en vano ese tratado importante instantáneamente. De nuevo empecé a copiar, escribí un poco más; vi que salté de nuevo una línea y se derramó tinta sobre lo que escribí antes. Todavía esa angustia permanecía conmigo. De nuevo hice ablución repetidamente. Confesando todos mis pecados, los puse a la vista. Busqué perdón. Empecé a hacer la noble salutación al Profeta, que es un rezo bendito. Luego se me ocurrió en mi corazón pedir ayuda espiritual de mi Maestro. Tal como mi Maestro dice a su Maestro, yo también digo y dije que… Ese estado continuaba todavía. Incluso llegó hasta el nivel de suicidarme. Dije: “¡Ayuda, oh mi Rab! ¿Cuál es la razón de esto?” Postergué ese tratado al día siguiente.
Esa noche, es decir en la noche del sábado, en mi sueño: Mi Maestro estaba en la Mezquita de Zergendere de Atabey. Iba a la oración ritual de la mañana. Un comandante del comisario que coincidí, llegó a mí y dijo que: “¿A dónde vas?” Contesté que “A la mezquita”. Siguiéndome, él también entró en la mezquita. Vi que mi Maestro está sobre una cama. Aparte de nuestra congregación anterior, estaban cinco o seis gendarmes más. La congregación seguía recitando “La ilahe illallahu vahdehu la sherike leh… etcétera”. En cuanto a ese comandante, que entramos juntos, dijo a la congregación “¡Ah! ¿Qué están haciendo?” demostrando ser un perro, escupió al suelo por su arrogancia. En ese momento, mi Maestro escupió a la cara de ese incrédulo y dijo “Vil, vete de nosotros,”. Lo expulsó.
Justo en ese momento, cuando estiré mi mano hacia una aguja a la derecha, llegó una bayoneta a mi mano. Una persona llamada Hasan, que en nada sigue nuestro camino y método, y que actúa contrariamente en todos los aspectos; tomando esa bayoneta y apuntando a ese incrédulo, dijo: “Ah mi Señor, mi maestro; que usted solamente ordene; yo seré el medio de la destrucción de este incrédulo”. En el mismo momento golpeó una vez a su hombro derecho, y una vez a su hombro izquierdo, y se fue. Cuando todos los incrédulos vieron esto, empezaron a asustarse y dijeron que: “Encontramos una calamidad para nosotros mismos; nadie puede ir al Maestro. Solamente existe Edhem Cavus; que lo mandemos a él, para que suplique y ruegue por nosotros… ay, ya dejamos todo”.
En mañana siguiente, dije este sueño extraño a mis hermanos mayores, Señor Zühdü y Hafız Ahmed. Incluso ese día Hafız Ahmed quería ir a Isparta, para visitar a mi Maestro, con dos jarras de agua. Este pobre se puso contento porque él se fue. Advertí el sueño, porque lo soñé esa noche. Efectivamente lo contó. Pero me puse muy triste por esa noticia dolorosa, que en ese momento entendí la angustia que tenía en mi espíritu, fue esto.
Lütfü