(El artículo de Ibişoğlu Mehmed del pueblo de Kuleönü)
¡Mi venerable Maestro y Señor!
Hace cinco años que mi hermano Mustafa empezó a escribir los tratados. Lamentablemente perdimos dos años suyos. Hace tres años siempre hemos leído los tratados con otros amigos fuera de nuestro servicio, y nos hemos beneficiado. Algunos de la gente sufista de nuestro pueblo, inicialmente no daban importancia a lo que leía mi hermano Mustafa.
Yo decía que: estas Palabras que se lee son muy apropiadas al sufismo y también a la verdad; son un remedio para las heridas de esta época. Cuando quedaba en desesperanza, iba a mi hermano, le hacía que me lea; lo escuchaba y mis heridas se curaban a través de la refulgencia que daba Risale‑i Nur; así partía de él. Si se mencionaba cualquier asunto, decía que existe la mejor explicación en Risale-i Nur. Pero hay muchas personas que no saben el valor de las Palabras. Yo también decía que: el remedio para todas estas palabras dichas están en Risale-i Nur. Gritando a todo el globo terráqueo con toda mi fuerza digo que: “Hay medicina contra las enfermedades que se ven en el exterior.”
Oh mis hermanos, que nos beneficiemos. Aquellos que no se benefician de estos tratados, qué irrazonables son. Muchos agradecimientos que Cenab‑i Hak nos hizo alcanzar a una persona venerable como él. Lillajiljamdu velminne.
Nos unimos con la gente sufista con la misericordia, gracia, benevolencia de Cenab‑i Hak y con la ayuda espiritual del venerable Maestro. Actualmente leemos mucho las Palabras. Ellos también se benefician mucho y aprovechan. Comprendieron absolutamente que las Palabras son verdades. Incluso obligan muchas veces a mi hermano a leer. Un día mi hermano Mustafa me fomentó para que yo escribiera los tratados. Yo también tomé la Carta Veinte, para escribir. Vi tres coincidencias Divinas en esta Carta que copié. Arriba de la línea hay dos “infinito” y debajo de la línea hay tres “mundo”. Me puse triste por esta situación. Pensando que el mundo no me dejará, dejé de escribir. Actualmente decidí escribir de nuevo. Por consiguiente de esta intención mía, tuve un sueño. El venerable Maestro acercándose, llegó a mí sobre un burro negro. Me ordenó que: Ata este
burro a un lugar fuerte. Instalé el cabestro –que se forma totalmente de cadenas, y que usted, mi Maestro me mostró– al burro. Se ató fuertemente. Quedó sin moverse. Yo también comprendí que ese burro es el mundo. Entendí que inshaallah, a través de la ayuda de su rezo, mi mundo se ató. Diciendo minallahittevfik, tengo la esperanza de tener éxito en escribir los tratados, inshaallah a través de la ayuda espiritual de mi venerable Maestro. Cuando llevaba a la vista la Carta Veinte, y debido a que estaba la oficina del alcalde frente mío, escondí el tratado. Esa noche en mi sueño vi a mi venerable Maestro en un palacio que estaba en un mar grande. La gente de nuestro pueblo estaba alrededor de ese palacio. Su inhábil alumno, montado sobre un caballo joven, llegó a la persona de usted. Esa gente me preguntó cómo pasé el mar. Yo también les contesté: “Debido a que el caballo se herró recién llegué sin tener dificultad”. Sin embargo, el mar se congeló finamente. En ese momento, mi Maestro, usted apareciendo frente mío, dijo “¿por qué usted esconde las Palabras? Desde aquí en adelante las Palabras estarán a la vista”. En ese momento me pidió un caballo. Yo también traje el caballo que camina bien. En ese momento me desperté. Qué Allah lo haga realidad.
Su inhábil alumno Hacı Mehmed
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