(El artículo del Pequeño Ali, que es el hermano de Sarıbıçak Bendito Mustafa de Kuleönü)
(Un artículo de un joven, que es uno de los heridos del siglo actual, y que necesita un médico espiritual)
¡Mi estimado, compasivo y venerable Maestro!
Debido a que el siglo actual es la época de una guerra espiritual, mirando las heridas de mi cuerpo, cuando ellas aumentaban gradualmente… un día escuché que anunciaban “pasen desde la derecha a la izquierda”. Haciendo perder algunas de las treinta y dos letras, cuando anunciaron esto, se abrió tanto una herida, que provocó olvidar las heridas anteriores. Tal como en la aleya del Corán:
اِذْ اَوَى الْفِتْيَةُ اِلَى الْكَهْفِ فَقَالُوا رَبَّنَٓا اٰتِنَا مِنْ لَدُنْكَ رَحْمَةً وَهَيِّئْ لَنَا مِنْ اَمْرِنَا رَشَدًا
Nuestros señores ashab‑i kehf, que son cinco u ocho hombres jóvenes, escapándose de las maldades de ese siglo –tal como la maldad que se soporta en nuestro siglo– se refugiaron en una cueva. El motivo fue: Dakyanos, que fue el rey de su tiempo, invitaba a los creyentes de la religión verdadera a la idolatría… a aquellos que aceptaban los hacia matar para los ídolos, y masacraba a aquellos que no aceptaban; en ese tiempo nuestros señores Ashab-i Kehf se aislaron en una cueva.
Yo también, mirando a nuestro siglo y a nuestras heridas, cuando todo el día mi espíritu aleteaba; pensando “Acaso en esta época muy confundida, los jóvenes que tienen heridas espiritualmente como yo, en ese Gran Tribunal, ante la presencia del Noble Cenab‑i Vacib-ul Vücud y Tekaddes, ¿cómo pueden pedir a nuestro Noble Profeta Muhammed Mustafa Aleyhissalatu Vesselam para que sea intercesor?” todo el día mi espíritu lloraba. Ya que cuando miles de personas, que tenían heridas materiales e inmateriales, que no podían hablar, que fueron paralizadas, las personas beduinas cuyos corazones se oscurecieron, que no tenían fe, llegaron a Muhammed Aleyhissalatu Vesselam, estuvieron una hora o un día en la conversación del Profeta; después, volvieron a su pueblo y a su tribus, como un guía y maestro. Y ya que el Corán que él lo dejó y que permanecerá hasta el Día del Levantamiento, y los médicos espirituales que asignó el Corán, cumplirán el deber de médico espiritual y material a los creyentes que llegarán hasta el Día del Levantamiento. Pensando en que solicitaré al médico espiritual que está en nuestra provincia actualmente, cuando mi espíritu paseaba en cada momento, perdiendo mi consciencia, dormí.
En mi sueño, se me mostró tres personas. No me dijeron los nombres de dos de ellas. El otro, mi Maestro Bediüzzaman, me lo dijeron con su nombre. Inmediatamente inclinándome a sus manos, las besé. Mi Maestro, urgentemente sacó una pluma y papel de su bolsillo y me los dio. En ese momento me desperté. Debido a que mis padres son de la gente del corazón, les conté el sueño. Mi padre dijo: “Esta persona recién llegó a Barla. Hace unos años. Vaya y solicítalo”. Yo dije: “Todavía no hice el servicio militar. Soy joven. ¿Cómo puedo ir a un gran médico espiritual con estas heridas, y cómo puedo aguantar su operación?” Se me dijo: “Ve” y por segunda vez se me volvió a decir: vaya. En la mañana levantándome inmediatamente me fui. Cuando vi a mi Maestro, por unos minutos temblé. Después, dije Fesubhanallah, cuando veo al médico, esas heridas gritan con toda su fuerza. No podrán soportar las medicinas que él dará. No pude abrir esas heridas. Mi Maestro me acepto como un alumno y me aconsejo mucho, para que yo no deje de cumplir las cinco oraciones diarias y obligatorias. Unos meses después de volver, me fui para cumplir el servicio militar. Hasta terminar el servicio militar, durante veinte meses, dentro de estas heridas, en cada hora y momento, pensando el veredicto “El mevtu Hakkun”, decía “¿acaso cuál será mi situación?” Cuando volví a mi tierra natal y cuando vi a mi hermano Mustafa, mi espíritu se relajó un poco. Pensé de dónde viene esto. Unos días después, en la noche del bendito Ramadán, y por tercera vez se me dirigió de nuevo en mi sueño; en un lado de nuestro pueblo, mi Maestro Bediüzzaman sosteniendo una vara en su mano, siendo un pastor anunciaba que él es un heraldo. Decía: “Yo soy el heraldo del Corán”. Lo gritaba con alta voz y lo anunciaba. Por mi emoción, de repente me desperté.
Entonces, ¡miren oh mis hermanos y todos los creyentes! Mi noble Maestro a cada hora, a cada momento y a cada instante proclama, no solamente a nuestra patria, sino también a trescientos cincuenta millones de musulmanes. No lo escuchen con la oreja aparente; que lo escuchemos con la oreja del corazón; así que escucharemos su llamada y grito. Ya que estos diamantes, joyas y exhibiciones se dio a este siglo nuestro; si aunque diéramos toda nuestra ganancia en nuestro siglo entero, igual no podríamos pagar el valor de uno solo de esos diamantes. Qué tomemos cada uno de todos los diamantes antes que se pase la estación de la primavera. En cuanto a esas joyas, ellas son la Colección de Risale‑i Nur.
Yo, este inhábil también empecé a leer y a escribir las Ramas Cuarta y Quinta de la Palabra Veinticuatro. Cuando percibí que mis heridas se secan una por una, decidí escribir las Cartas y Palabras, con toda mi fuerza. Grito con toda mi fuerza a mis hermanos heridos como yo, y a todos los musulmanes: “¡Ay! En este siglo nuestro, con estas heridas cómo podemos estar cómodos… en caso contrario… El médico espiritual y las medicinas de este siglo, son Risale‑i Nur y Mektubat-un Nur, que fluyen del Corán. Que los abrazamos fuertemente.”
Su Alumno Inhábil Ali Ulvî