Esto es un artículo de Hafız Ali, que se escribió como una explicación de un asunto pequeño diciendo “¿Te has ofendido?”
¡Oh venerable Maestro!
¡Mi valorable Maestro, que es lo más valioso de cada etapa de mi vida, y que a cada momento estoy listo a quemar esa vida, como las polillas nocturnas con una orden suya.
Sí, no solamente en aras de la verdad como esto, sino incluso para un Glorioso Rey que otorga un regalo valorable, no se vacila en gastar ese regalo. Asimismo, mi Maestro, la vida que se nos confió y que no se sabe cuándo se tomará devuelta; cualquier orden sobre esa vida viene de Cenab‑i Munim –que a cada momento estoy listo a Su orden-, estamos listo a devolver lo que se nos confió a nosotros sin vacilación inshaallah. Ya que usted está encargado de notificar su orden misma, estando en la cercanía de ese Rey Permanente; entonces la palabra bendita de usted es verdad y total misericordia.
Además, Señor mío, como un jardinero, para que los arboles jóvenes crezcan, para salvarlos más pronto de los asaltos de los animales dañinos, se cortan las ramas bajas del árbol; para que se eleve. Esos árboles jóvenes en ningún sentido tienen razón de decir: “Aquel que nos acicala y que es el medio de nuestra vida, a veces nos molesta”. Porque, si ellos hubieran quedado en sus estados originales, un animal dañino los hubiera sacado, y sus raíces en la tierra también se hubieran podrido y se hubieran destruido.
Sí Señor mío, este alumno suyo con muchos pecados, que a veces hago que acepte incluso a mi alma maligna, que no tengo un precedente en el tema de tantas faltas sin exageración; en un tiempo en que empezó a mezclarse con barros negros, no solamente hasta mis rodillas, ni hasta mi espalda, ni hasta mi garganta, sino superior que mi altura, tal vez también en el interior mío, y cuando empezó a pudrirse, usted llegó como Hizir, y empezó a curar como Lokman, con las medicinas de la farmacia del Corán‑i Hakím. Usted es el medio para otorgar una vida que merece el nombre de vida. Sacrificar esa vida en aras de aquel que otorga esa vida, y en aras de que fue el medio de esa vida, ¿no es algo razonable?
Además, un enfermo debe saber que está necesitado de una operación. Debe dar cientos de miles de gracias al farmacéutico que mantiene a su enfermo bajo tratamiento de día y noche; y le debemos infinitas alabanzas y agradecimientos al Noble Hakím‑i Pur-kemal y Kadír-i Bímisal, que entregó esa farmacia a ese farmacéutico. Debido a que no puedo pagar esta deuda mía, estoy muy apenado. Que Allahu Teala esté complacido con usted eternamente.
Hafız Ali (R.H.)