(El artículo de Ahmed Hüsrev)
بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ وَاِنْ مِنْ شَيْءٍ اِلَّا يُسَبِّحُ بِحَمْدِهِ
اَلسَّلَامُ عَلَيْكُمْ وَرَحْمَةُ اللّٰهِ وَبَرَكَاتُهُ اَبَدًا دَائِمًا
¡Mi valorable Maestro!
Dos días antes de la fecha de la carta. Estaba ocupado en escribir el Tercer Apéndice de la Vigesimoséptima Carta.
Las plumas de mis hermanos como Hulusi, el Señor Re’fet, Zekai y el Señor Sabri, que muestran su amor ferviente y su ardor de corazón hacia Risalet‑un Nur y Mektubat-un Nur, también me dejaron en fervor. En ese momento Bekir Aga llegó con una carta que vino de usted. Siendo fuera de lo normal, Bekir Aga estaba muy sonriente. Abrimos la carta con la misma alegría después de besarla. Con un valorable pedazo de papel de usted, El Octavo Signo –que tiene ocho páginas– de la Octava Parte de la Carta Veintinueve se mostró a sí mismo con tres coincidencias divinas de ocho. Un fervor de corazón con alegría que surge del Tercer Apéndice de la Vigesimoséptima Carta, la cara linda de Bekir Aga, que muestra el fervor de su corazón hacia su Maestro y los tratados de Nur, la palabra sonriente, más maravillosa, dulce de nuestro querido Maestro, que brilla y sonríe con una luz espiritual en el Octavo Signo, que muestra el inicio del propósito de las coincidencias divinas que habíamos esperado por cuatro meses; todo esto produjo un estado enorme en este pobre alumno suyo, que ese momento mío fue uno de los momentos de aquellos que alcanzaron la felicidad eterna. En esta alegría, leí su carta y el Octavo Signo. Cuando leía, en el final de cada frase, las vociferas de “¡que existas, que seas feliz, que seas dichoso mi Maestro!” salían de mi lengua involuntariamente, que es la intérprete de mi corazón. La primera vez leí con Bekir Aga, una vez leí con mi hermano el Señor Ruşdu, y una vez con mi hermano el Señor Re’fet.
Sí, mi querido Maestro, usted sacó a la vista los tesoros que han sido enterrados por años en el océano del Corán‑i Azim-ul Burhan, a través de Risalet-un Nur y Mektubat-un Nur. Aquí hay otro tesoro más; con la gracia Divina aparece y se muestra a sí mismo con sus luces más brillantes y radiantes en el Octavo Signo de la Octava Parte de la carta Veintinueve. Inevitablemente hace girar la mirada de la humanidad hacia sí mismo.
Con una voz milagrosa que no se calla, con una vocifera sutil y una refulgencia inagotable, otra parte más de ese gran milagro y de los importantes misterios del Furkan Divino, aparece ante nosotros, que ese Furkan deja a la gente justa en asombro por mil trescientos años, ocupa el rango más alto y distinguido en cada rincón del mundo, en cada clase de la humanidad, en las lenguas de los genios y seres humanos, en las lenguas de los ángeles y seres espirituales en los cielos.
Que gran valor tienen sus tratados, que muestran que ese valorable Corán es la Palabra de un Zát‑i Vacib-ul Vücud a través de los infinitos sellos sobre él, que sostiene a todos los seres en su mano del poder, los subyuga con su magnificente sublimidad, que hace que todos se posterguen a Él mismo, ante su majestad y magnificencia. ¿Qué tipo de valor se puede dar a esos tratados? ¿Cómo se puede comparar con otros? ¿Cómo se puede pensar en la superioridad de algún otro?
Esos tratados que difunden luces a las caras oscuras de la humanidad, que arruinan todos los tipos de doctrinas fuera de la Unidad Divina, que mira a sus estudiantes sonriendo con una cara dulce, que habla con una lengua agradable y muy gentil; y mi querido Maestro que es el dueño y escritor de esos tratados; usted vive en los corazones de sus alumnos con sus tratados. Además vive de tal manera que; vive con un inagotable amor Divino, que permanece en los espíritus de sus estudiantes como los ríos que barbotan, que esos estudiantes están listos para un signo pequeño de usted. Tengo una esperanza cierta que aunque usted se despida de la vida efímera, será mencionado con respeto en las congregaciones grandes, que su nombre se llevará en este mundo y en los cielos con respeto, y que sus tratados se demandarán con un ardor muy grande.
Sí, cómo pueden ser incorrectas mis palabras; ¡mi Maestro que no se queda callado en decir la verdad, aunque sean en los tiempos más peligrosos, que lleva un espíritu muy elevado, que difunde luces de consuelo a sus alumnos a cada momento, y que es el venerable heraldo actual del Corán‑i Kerím! Suplico a la misericordia Divina que el Noble Cenab-i Vacib-ul Vücud escriba innumerables méritos al cuaderno de bondades de usted, como una recompensa de la fidelidad de usted a la religión Islámica, de su gran amor y de su esfuerzo alto.
Cómo la humanidad actual no puede deberle a usted y a Risale‑i Nur; no como las luces del sol que se pasean en nuestro cielo, y no como sus luces que a cada momento muestran otro mundo a través de su desaparición, sino que usted en sus tratados muestra una luz inmortal, inagotable y permanente, con las luces que vienen del rango más alto del Corán.
Así que esos tratados son como los ríos; en sí mismo cuyas fuentes y rumbos son diferentes, pero caen en un solo océano. Aquel que tiene sed, cuando llega a cualquiera de ellos, ¿cómo no tomar agua hasta quedar satisfecho? Aquellos que quieren limpiar sus manos y caras ¿cómo no beneficiarse de estos ríos? O si se llevara a cualquier lugar construyendo canales de agua para regar las tierras, ¿cómo no recibirán refulgencia las grandes congregaciones?
En estos ríos existen tantas curas enormes que; si beben los enfermos, encuentran cualquier tipo de remedio dentro de ellos. Si beben los heridos, encuentran bálsamos para cualquier tipo de heridas suyas. Si beben los ancianos, se vuelven en los valientes jóvenes de la vida eterna. Si beben los jóvenes, de repente obtienen la felicidad en dos mundos.
Aquellos que leen los tratados; no sé si hay alguna necesidad de pensar y aceptar qué gran y elevado corazón tiene usted, mi querido Maestro.
Hace tanto tiempo que usted ha anunciado “soy el heraldo del Glorioso Corán, por ninguna cosa cambiaria este sagrado deber mío”. El Octavo Signo –que tiene ocho páginas– de la Octava Parte de la Carta Veintinueve que usted escribió, esta vez esto lo fortaleció una vez más, y lo muestra de una manera muy agradable; ¿es posible no enamorarse con estas verdades que se mostró?
¡Ay mi querido Maestro! Si estuvieran apropiadas mi lengua y pluma, haría escritos de aprecio merecidamente a cada tratado y se los presentaría. ¡Ay! Tal como en todas las otras cosas, en este tema también soy pobre.
¡Sí, mi querido Maestro! Hay un asunto más que aumenta nuestra alegría. Él es la confirmación valorable de usted que: las letras de las silabas del Corán que tiene dos páginas, que se escribió bajo el nombre de “un punto sutil del Corán, que viene de la refulgencia del rezo de Kenz‑ul Arsh” se agregará a esta parte; y esta parte también se involucrará en el inicio del Corán-i Kerim, con coincidencias Divinas y con pies de páginas, lo que seguimos escribiendo, para proporcionar que todos se beneficien y reciban refulgencia fácilmente. Esta confirmación se considera muy apropiada por nosotros, gira la mirada de su pobre alumno desde el pasado hacia el presente, desde el presente hacia el futuro. Y mostrando las luces que brillan en el futuro, usted me sumerge en las alegrías infinitas.
Ahmed Hüsrev