(El artículo de Sabri)
¡Mi glorioso Maestro y Señor!
En los tiempos en que pude encontrar oportunidad, durante estas dos noches, copiando la Primera Parte de la Vigesimoséptima Carta, presento la copia mía al Señor Ali; devuelvo y presento la copia original a la Persona del Maestro. Hace un mes que nuestros espíritus están en un estado calcinados, ofendidos y pálidos como el pasto, expuesto al fuego; incluso con los amigos empezamos a comunicarnos y consultarnos entre sí, a través del correo, sobre cómo actuaremos en este tema. Debido a que en este lado, aquel que está más cerca a nuestro gran Maestro, es su sirviente, deseaba hacer consulta en este asunto oralmente o escrito; la Palabra Veintisiete, que es una poción, medicina, una respuesta curadora, y una respuesta elevada, bastante abarcativa, que se explicó una vez más y fue otorgada a nosotros; cada frase del Corán merece la expresión de un gran océano, la más pequeña frase suya abarca ilimitadas verdades significativas; cada frase suya en esta parte, especialmente en los Puntos Quinto, Octavo y Noveno pusieron bridas a los demonios quebrados, con cabezas secas y filosóficas, y los acalló; mejor dicho, totalmente los derrotó e iluminó, alegró y consoló nuestros espíritus.
¡Honrado Maestro mío!
Es innecesario notificar que el Glorioso Corán tiene un tesoro de la compasión Divina en niveles tan altos; el Segundo Maestro, el Señor Hulusi, que se encarga del deber total de impulsar la mayor parte de la colección Risale‑i Nur, en el tema de extraer distintos tipos de diamantes y joyas que contiene ese tesoro sagrado, y por medio de esto, darlas a los necesitados como nosotros; yo lo asemejo –si es apropiada su similitud y expresión– a las llaves que tienen los relojes y que tienen ocho o diez bocas; esa llave que tiene distintas bocas, puede impulsar a cualquier reloj que existe en el mundo, y provoca que funcione. El señor mencionado, también teniendo el mismo atributo, pide muchos importantes asuntos verdaderos del Noble Corán y del heraldo del Corán, que no se escuchó ni se vio.
En este siglo, cuando el tesorero sin precedente del tesoro especial y espiritual lo atiende y le ofrece las mesas espirituales del Corán a ese valioso interrogador, que son lo más valorables y totalmente nutrimentales para el espíritu, a pesar de que yo no merezco estar en esa esfera, cuando este pobre también recibe su alimento espiritual sin descanso, quedo con infinita deuda de agradecimiento a aquel que otorga esas mesas, a aquel que los trae y también a aquel que los pide. En la carta que recibí de parte de usted como un otorgamiento y gracia, dice que: no me comunico a través del correo por no ofenderle. En este tema, le pregunté a mi corazón y espíritu: “¿Qué piensan?” Recibí la respuesta correcta de: “Estagfirullah, cien miles estagfirullah. Nosotros habíamos muerto, lejuljamd se nos otorgó una vida nueva. En ningún sentido tenemos derecho de ofendernos. Le debemos el agradecimiento y el rezo que es nuestro deber.”
Hafız Sabri