El artículo de Hüsrev
¡Mi querido Maestro! Desde que recibí su carta que me salvó de un estado que me hace pensar de noche y de día de una manera cansadora, pero que no tiene alguna importancia, estoy en alegría y presento mis infinitos agradecimientos a Cenab‑i Hak. Cinco veces al día rezo para que usted reciba los favores Divinos. Especialmente la circunstancia que me hizo aumentar mi alegría, es que se notificó que Cenab-i Hak nos emplea solamente en el servicio del Corán.
¡Mi venerable Maestro! Estoy muy contento con mi estado. De acuerdo con la orden elevada de usted, ya no pienso en nada. Si existe algo en que pienso, es en trabajar merecidamente para completar las Palabras de Risale‑i Nur y para proporcionar el aumento de nuestros amigos, multiplicándolas. Para esto no me apoyo en mi existencia que se confió en mí, sino en el poder y favores de Cenab-i Hak.
¡Mi venerable Maestro! Presento las Palabras Treinta y Dos y Veintitrés que escribí. Cuando leo los sentimientos de nuestros amigos, ojala supiera usted que siento tanta alegría. Recibo el placer de una alegría, que percibirán los individuos de una familia y una congregación, que se ataron uno al otro no con los hilos materiales sin valor, sino con los valorables hilos espirituales. Indudablemente, estando a la cabeza la persona del Maestro, aquellos que son mayores que nosotros, se volvieron en hermanos mayores, y los que tienen la misma edad de nosotros, en hermanos. O yo soy extraordinariamente afortunado por estar involucrado en esta congregación. En el tema de recibir y difundir las luces del Corán‑i Mubin, nuestro querido Maestro es la persona que se designó para ser el medio; por eso no podemos limitar nuestra gratitud a Cenab-i Hak, que nos dio a usted.
Hüsrev