Un artículo de Hüsrev
¡Mi estimado, valorable y venerable Maestro!
Describir la alegría que percibí de la carta que usted me mandó por medio de Bekir Aga, no está al alcance de la lengua ni de la pluma de un estudiante inhábil como yo. Por mi alegría, beso su carta; a pesar de que mi espíritu vive con usted, lloro por estar físicamente lejos. A veces ocurre que puedo contener las lágrimas que caen de mis ojos, escribiendo o leyendo los tratados. A veces pasa que mi corazón continuamente llora. Oh mi querido Maestro, mi petición muy grande hacía usted es esto: Que me perdone. Estoy triste porque no me he podido salvar del mundo, a pesar de que hace dos o tres años deje de quererlo. Los campos desolados y los desiertos secos se vuelven en un hogar para mi espíritu. En mi imaginación paseo en esos lugares. Como si buscara algo.
Sí, busco algo. ¡Ay! Se ve que lo que busco está muy cerca y también muy lejos. No sé por cuánto tiempo más revolotearé en este estado. Sí, igual estoy muy agradecido. ¡Cómo no puede ser infinito mi agradecimiento! Hace un año, en dos sueños verdaderos que tuve en dos noches, una tras otra, fui designado a ser el escriba de una fábrica enorme del aceite de rosa, que se empezó a construir; y empecé el trabajo. Dos meses después de la fecha de estos sueños, empecé a escribir los tratados. Y especialmente en los Asuntos Siete y Ocho de la Carta Veintiocho, se escribe con una lengua clara la aceptabilidad de nuestro servicio y estar en la complacencia Divina; esto alegró a este inhábil alumno suyo también. Mi querido Maestro, que Allah este complacido con usted eternamente.
Hüsrev