(El artículo de Sabri)
¡Mi noble Maestro y Señor benévolo y favorecedor!
En el décimo día del noble Ramadán, el sábado a las once y media, recibí el tratado de Ramadán, que tiene nueve puntos sutiles, que cada uno de ellos contiene infinitas buenas noticias sabias y verdaderas. En esa noche, con total orgullo y alegría, escribí esa obra sin precedente y muy luminosa, que mi espíritu la necesitaba y anhelaba extraordinariamente. Y de nuevo entregué la copia original al Señor Hafız Mahmud de Nis; él la llevó al Señor Hakkı. A la mañana siguiente, leyendo el tratado que copié otra vez, corregí las coincidencias divinas en mi escrito, y escribí una carta al Señor Ali. Justo en el momento de firmarla, un hombre que está espiritualmente a cargo de este deber, llegó desde Islamkoy; la mandé al Señor Ali. No hay duda que este medio de envío, que llegó instantáneamente fuera de mi esperanza, es una prueba clara y lúcida de lo sagrado de la obra.
¡Mi honrado Maestro! A veces pienso en los Tratados de Nur, y veo que verdaderamente contienen muchas verdades y sabidurías. Pero, veía que no se abrió un tema sobre el ayuno, que es una de las adoraciones del noble Ramadán, que es el mes de la compasión y perdón; tenía un deseo de presentar una carta y rogar que fuera Carta Treinta, referida al noble Ramadán, que consta de treinta días. Pero por causa de un motivo, renuncie a ese deseo mío.
Así que, esta vez el mencionado tratado de la Colección de Nur, dirigiéndose a este inhábil sirviente dijo “el deseo y sentimiento oculto que están en tu corazón están escritos en nuestra tabla espiritual con letras mayúsculas; aquí se aceptó y se cumplió.” De esta manera se me otorgó. Este pobre también recibiendo el tratado de Ramadán, hace postraciones a Aquel que reveló el Glorioso Corán, y doy infinitas gracias al bendecido heraldo de los tratados de Nur; adicionalmente, mi Noble Señor, notifico que continúo haciendo rezos que le debo a la virtuosa persona de usted.
Sabri