(El artículo de Sabri)
En el momento en que estaba triste por el dolor de las heridas que aparecieron en mi espíritu, por causa de los ataques que se hace de vez en cuando por la gente desviada a los conceptos sagrados de la religión, el venerable Bekir Aga alcanzó, como Hizir; presentó la Séptima Parte de la Carta Veintinueve, y curó mi enfermedad.
Esta perla secreta, que es una de las medicinas preparadas de la farmacia del Corán, y uno por mil de su sabiduría, curando a través de sus preguntas, respuestas, signos y de su claridad, alegró a mi abatido corazón, iluminó mi afligida consciencia moral, hizo contento a mi deprimido espíritu; en ese momento dije: ¡Oh mi Rab, Tú otorgaste un inagotable tesoro de sabiduría a la comunidad verdadera de tu Mensajero y Amado Muhammed Mustafa (A.S.M.), que ese tesoro sagrado otorgó una vida eterna durante 1351 años, con sus reglas y mandamientos eternos, tanto que los eruditos reconocidos que son los verdaderos herederos de los profetas, extrayendo y sacando infinitas verdades, incluso de una aleya más corta, resucitan los corazones heridos de la comunidad de Muhammed a través del agua de vida del Corán de Milagrosa Exposición. ¡Oh Málik‑ul Mülk, oh Halik-i Zulcelal, oh Hakím-i Bímisal! Refugiándome en tu Zát-i Azamet-i Kibriya, suplico que: elevando las reglas del Corán, haciendo permanente el camino de Ahmed, facilitando y quitando la dificultad de los deseos y propósitos de los verdaderos herederos de los profetas, oh mi Allah, que no hagas emigrar a estos inhábiles sirvientes tuyos al mundo de la vida eterna, sin otorgarles el elevar la palabra de Allah felizmente en la esfera iluminante del Glorioso Corán. Diciendo esto, puse un velo de los pensamientos Coránicos sobre mis ojos interiores y exteriores.
Su alumno con muchas faltasSabri