(El artículo de Ahmed Hüsrev)
¡Querido Maestro mío!
Pensando en mí mismo ante esta situación. Y por otro lado miro el servicio sagrado, que es lo que persigo. Doy alabanzas y agradecimientos por los otorgamientos y favores de Cenab‑i Hak; y digo a mí mismo como dice un hermano nuestro:
Sí Hüsrev, aquel que es bueno no eres tú, sino el camino que sigues es bueno, agradable y brillante. No puede ser algo que es más agradable que él, más brillante que él y más iluminante que él.
Mi querido Maestro, le debemos a usted; debemos a los tratados. Le debemos a Cenab‑i Hak, que nos hizo alcanzarlo a usted y a los tratados; le agradecemos y damos alabanzas a Él.
Mi querido Maestro, usted menciona de mi cansancio en su carta. Sí, a veces me canso; pero mi espíritu invita a mi alma maligna al deber, aunque desea descansar del cansancio; y tal vez mi trabajo actual será la expiación de mis pecados. Porque la misericordia de Cenab‑i Hak es amplia. Así que con este pensamiento, cuando avanzo hacia el fervor y alegría, mis escritos dejan contento a mi Maestro; esto también aumenta este estado mío muchas veces.
اَلْحَمْدُ لِلّٰهِ هٰذَا مِنْ فَضْلِ رَبّ۪ي
Ahmed Hüsrev