(El artículo de Sabri)
Llegando al año cincuenta y dos del siglo catorce, cuando la gente desviada, que lleva los deseos falsos y pensamientos disimuladores de destruir totalmente las reglas eternas del Subjan –que permanecerán con sus principios contundentes hasta el día de realización y cumplimiento de la decisión de salvación al creyente, y ejecución eterna al culpable‑, cuando esa gente quería dar el primer paso, el mar de Nur –que lo expresamos como un castillo de acero, y que es su expositor y representante– formó como una previsión, aparentemente treinta y tres, pero espiritualmente treinta y tres millones de distintos diamantes, perlas y joyas. Luego, en el momento en que se necesita ordenar y fortalecer el castillo verdadero, en la esfera de esta luminosa organización importante, si sacrificara este cuerpo efímero mío, sin cansancio en la prosternación ante Rab –que no sea una hipocresía y elevación-, siendo un trabajador común, siendo cien mil veces superior que mi alcance, ante la ayuda de Subjan en la aceptación y designación de este inhábil sirviente a esta esfera, no podré cumplir una adoración ni por un minuto de estar honrado en la esfera de ese deber sagrado. Por eso quedo conforme con presentar mi adoración a través del poemaاِلَهِى اَنْتَ ذُو فَضْلٍ وَ مَنٍّ ❋ وَ اِنِّى ذُو خَطَايَا فَاعْفُ عَنِّى.
El Segundo Hulusi, Sabri