(Este artículo pertenece al Señor Re’fet, que es como Hulusi respecto a la mente, como Sabri respecto al corazón y como Hüsrev respecto a la consciencia.)
بِاسْمِهِ وَاِنْ مِنْ شَيْءٍ اِلَّا يُسَبِّحُ بِحَمْدِهِ
اَلسَّلَامُ عَلَيْكُمْ وَرَحْمَةُ اللّٰهِ وَبَرَكَاتُهُ اَبَدًا دَائِمًا
Esta vez, por medio del Señor Süleyman, presento la Palabra Veinticinco a la elevada presencia de usted, para que se corrija. El milagro del Corán verdaderamente es una obra maestra. Es la obra más importantes entre sus obras elevadas respecto a las verdades asombrosas que ella contiene. Leí Milagros de Ahmed. Es una obra muy maravillosa y valorable que otorga sublimidad y relieve al espíritu. Es así que: respecto a que el milagro más grande de Ahmed es el Corán de Milagrosa Exposición, los cambios que hizo el Milagro del Corán en mi espíritu y el beneficio que recibí de su contenido son muy enormes.
A través de esta obra de usted, se demuestra los elevados significados muy enormes y abarcativos, que la magnificente aleyaوَلاَ رَطْبٍ وَلاَ يَابِسٍ اِلاَّ فِى كِتَابٍ مُبِينٍcontiene. Los negligentes que piensan que los desarrollos actuales y los descubrimientos de la humanidad fueran sus propios productos del pensamiento, que mendigan conocimiento y ciencia a Europa ignorando el Corán de Milagrosa Exposición, que es un tesoro de las verdades, y que se consideran a sí mismos como inteligentes, si ellos con una mirada de compasión y un despertar sabio hubiesen estudiado estas obras maravillosas que están llenas con sublimidades y principios enormes que proporcionarán la felicidad de la humanidad en este mundo y en el otro, se hubiesen despertados muy rápidamente del sueño en que ellos se sumergieron. Pero, ¡ay! Nosotros nos parecemos a las gallinas que mueren en el almacén de cebada por el hambre. A pesar de que existe un libro de las verdades en nuestras manos, cerramos nuestros ojos ante él y pedimos ayuda de otros.
Cualquier cosa que escriba yo, será poco. Mi pluma está inhábil de definirlo. Si tuviera una pluma poderosa, me esforzaría para escribir merecidamente. Debido a que no la tengo, humildemente corto mis palabras. Beso sus manos benditas con total respeto, pido y ruego su rezo para que yo este estable en el servicio del Corán, mi señor.
Re’fet