(Es el artículo del Señor Süleyman, que me hizo un servicio voluntariamente por seis años, con total lealtad y de una manera maravillosa, nunca ofendió a un hombre nervioso como yo, y que me hizo de escriba de borrador siempre.)
¡Mi noble señor!
Primero beso sus manos benditas y espero sus rezos sagrados. Süleyman que es su pobre sirviente, alumno y hermano, uno por uno ha estudiado los benditos Tratados de Nur, que se escribió hasta ahora; vi distintas luces brillantes y enormes en cada uno de ellos como sol y me beneficié mucho. Esas luces mostraron mi camino espiritual. Que Allah esté complacido con usted. Me mostraron muchas faltas mías en el camino del Más Allá; soy inhábil de dar agradecimiento. Debido a que en mí mismo no veo el poder que puede describir y representar esas Luces, examinando mi espíritu me atrevo a describir –superior que mi límite– los sentimientos de mi corazón de esta manera. Además ruego mi perdón por si acaso sucede alguna falta.
Señor mío, en el mundo no percibí algún precedente del placer y felicidad que recibí en el mar de Risale‑i Nur; en el final de mi propio discernimiento, comprendí ciertamente que: cada uno de esos Tratados por sí mismo y separadamente es una explicación del Corán. Pude entender con mi pequeña inteligencia que el estudio de estas Luces para aquellos que tienen forma de seres humanos entre los seres, pero que en realidad dejaron de ser seres humanos, y que están totalmente en heridas espirituales, son un remedio que cura rápidamente y un bálsamo muy beneficioso para sus heridas. Pienso que el tiempo mostrará el valor de estas Luces y se pasearán por el este y oeste en las lenguas como una leyenda. E inshaallah mostrarán ante Europa que el Corán es un sol tan brillante.
Besando sus manos de nuevo, pido su rezo mi noble señor.
Süleyman