(El artículo de un Nur estudiante)
Hoy tuve éxito en completar ese libro elevado. Mi pluma está inhábil de describir la alegría y felicidad que vienen de completar y estudiar la “Ascensión”. Presentaré mis sentimientos que nacen de su estudio en breve, y a través de una frase:
En el estudio de la Ascensión, encontré una luz y luminosidad llenas de corazón, que muestran los vórtices del desastre de la vida y los caminos seguros del mar espiritual, que llevan a la felicidad eterna. Sí, ante mis ojos se reanimaron muchas verdades, que se demostraron en cada ejemplo, la Era de Dicha y la época de maravillas, que hoy recordarla e imaginarla también son suficientes para llenar y desbordar nuestro espíritu; entré desde una opinión a la otra, caí en asombro dentro del asombro.
El libro de la Ascensión es una obra que tiene el poder de hacer que la filosofía de los oponentes, aficionados de la filosofía se vaya a la quiebra y se caiga. El libro de Ascensión es un libro de historia, que por sí mismo demuestra las verdades que tiene en sus bases, sin exageración con una vista que incluso un pensamiento imparcial puede ver y aceptar, que explica los puntos que habían quedado cerrados a los creyentes, a través de los pensamientos apropiados y lógicos.
Los filósofos que se sumergieron en la negligencia, que fueron derrotados por el desvío, y que quieren darse un rango distinguido a ellos mismos, teniendo pocas neuronas, ante una obra maestra como Ascensión, caen en la situación de un rey que se sacó las charreteras, y toda su fama y renombre están condenado a la caída. Ese rey está condenado a la desesperanza perpetua. Sin embargo, ante tantas verdades, el filósofo cuyo enlace con la filosofía y cuyas opiniones oponentes se rompieron, y que entendió la falsedad de su afirmación, hace postración y pide perdón en presencia del poder y magnificencia de Halik‑i Azam.
Zekâi