Recibí la quinta parte de la Decimonovena Carta, del Noble Señor, el Orgullo del Universo y el mar de milagros, que ilumina y alegra a nuestros espíritus oxidados, y nos induce a la vida eterna en este siglo nebuloso; devolví la tercera parte. Me sumergí en una reflexión profunda, poniendo atención a que nuestro Noble Señor, –el Orgullo del Universo– que fluyendo agua de sus dedos, hizo que el ejército lo beba. En ese momento mi pluma estaba en la botella de tinta. Iba a dar una pausa temporal en mi deber de escribir. Tomé mi pluma, y para no dejarla en su lugar con su tinta, pensé en escribir unas palabras para terminar la tinta en la pluma. Empecé a escribir y escribí media página; la tinta en la pluma no se terminó. Pensé la razón de esto; la pluma se secó. Luego, hice una prueba metiendo la pluma en la tinta, atentamente escribí muchas veces. Alcanzó a escribir media línea y últimamente hasta una línea. Pensé que esto es un apoyo que fortalece el milagro del Profeta, que hace recordar el evento que resulta de la reflexión de Hatib‑i Bagdadi del misterio deفِى يَوْمٍ كَانَ مِقْدَارُهُ خَمْسِينَ اَلْفَ سَنَةٍ.
Sabri