Cuarta Verdad
Es la puerta de la generosidad y belleza. Es la manifestación de los Nombres Cevvad y Cemil.
¿Es de alguna manera posible que infinita generosidad y magnanimidad, inagotable riqueza, tesoros interminables, inigualable belleza eterna, impecable perfección perpetua, no requieran de los necesitados y agradecidos, de aquellos fervientes que muestran sus manifestaciones, y de los espectadores asombrados que estarán permanentemente en una morada de dicha y un lugar de banquete?
Sí, adornar la faz de la Tierra con Sus tantas ornamentadas obras de arte; hacer de la luna y el sol unas lámparas, hacer de la faz de la Tierra una mesa de otorgamientos y llenarla con las especies más bellas de los comestibles, hacer a cada uno de los árboles fructíferos un plato, renovarlos muchas veces en cada primavera; muestran una infinita generosidad y magnanimidad.
Tal infinita generosidad y magnanimidad, tales inagotables tesoros y misericordia exigen un lugar de banquete y una morada de dicha que sean permanentes, y que incluyan todas las cosas deseadas. También, requieren ciertamente que aquellos que gozan de ese banquete, permanezcan en esa morada de dicha y queden allí eternamente. Para que no sufran por la cesación y separación. Porque tal como la cesación del dolor es placer, la cesación del placer también es dolor. Tal generosidad no quiere infligir dolor.
Es decir, quiere un Paraíso eterno y a los eternos necesitados dentro de él. Porque infinita generosidad y magnanimidad quieren gratificar infinitamente y conceder otorgamientos. En cuanto a la infinita benevolencia y otorgar, requieren infinita gratitud y recibir otorgamientos. En cuanto a esto, exige la permanencia de la existencia del ser que recibe la benevolencia. Así que a través de recibir continuamente los otorgamientos, muestre su agradecimiento y gratitud por ese permanente hecho de otorgar. En caso contrario, un pequeño gozo que se amarga por causa de la cesación durante un tiempo cortito, no conviene con el requerimiento de tal generosidad y magnanimidad.
Además, mira a las exhibiciones de las capas del universo, que son la exposición del arte divino. Pon atención a los anuncios de Rab que están en las manos de las plantas y animales en la faz de la Tierra. Escucha a los profetas y evliyas, cercanos a Allah que son los heraldos de las bellezas del rububiyet. ¡Cómo unánimemente muestran, notifican las perfecciones impecables de Sani‑i Zulcelal, Artífice Majestuoso a través de la exhibición de sus artes maravillosos; atraen las miradas!
Entonces, el Sani de este universo tiene asombrosas perfecciones ocultas muy importantes. Quiere mostrarlas a través de estos maravillosos artes. Porque en cuanto a las ocultas perfecciones impecables, requiere exhibirse a aquellos que las aprecian, admiran y a los espectadores que dicen “masha'Allah”. Las perfecciones permanentes exigen exhibirse permanentemente. En cuanto a eso, exige la permanencia de la existencia de esos apreciadores y admiradores. Ante la mirada de un admirador sin permanencia, el valor de la perfección se extingue.
Además, estos seres muy bellos, artísticos, brillantes y ornamentados que se exhiben en la faz del universo; tal como la luz informa del sol, ellos informan las bellezas de una inigualable hermosura espiritual, notifican las sutilezas de una belleza oculta. A través de la manifestación de esa hermosura pura y belleza sagrada, indican que existen muchos tesoros secretos en los nombres divinos, tal vez en cada nombre divino.
Así, en cuanto a una belleza en un nivel tan alto, inigualable y oculta, quiere sus propias hermosuras en un espejo, y quiere observar los niveles de su belleza y los reflejos de su hermosura en un espejo consciente y ferviente; asimismo, quiere verse para mirar su propia belleza agradable a través de la mirada de otros.
Esto significa que mirar a su propia hermosura es por dos aspectos: Observar por sí mismo en los espejos que cada uno esté con un color diferente. El otro: Quiere observarse a través de la observación de los espectadores fervientes y admiradores asombrados.
Es decir, la belleza y hermosura quieren ver y ser vistas. En cuanto a ver y ser vistas, exigen la existencia de los espectadores fervientes y admiradores asombrados. Debido a que la belleza y hermosura son eternas y perdurables, requieren la permanencia de los fervientes. Porque, en cuanto a una belleza permanente, no puede estar conforme con un ferviente mortal.
Porque un espectador que está condenado a la mortalidad sin regreso; por la imaginación de la mortalidad, su amor se convierte en enemistad; su asombro en desprecio, su respeto en insulto. Porque tal como el egocéntrico ser humano es enemigo de una cosa que él no conoce, también está contra una cosa que él no alcanza. Sin embargo, a una belleza que merece corresponderse con un amor infinito, con un fervor y admiración sin fin, responde con una implícita enemistad, rencor y negación. Así se entiende el misterio de que el incrédulo es el enemigo de Allah.
Ya que esas infinitas generosidad y magnanimidad, esas inigualables belleza y hermosura, esa impecable perfección, requieren eternos agradecidos, fervientes y admiradores. Sin embargo, vemos que en esta casa de huésped del mundo, todos pasan rápidamente y se desaparecen. Uno prueba sólo una pequeña porción del otorgamiento de esa generosidad. Su apetito aumenta, pero se va sin comer. En un instante mira apenas un poco a la luz de esa belleza y perfección, tal vez a su sombra débil, y se va sin estar satisfecho.
Esto significa que se va a un permanente lugar de excursión.
En breve: Tal como este universo con todos sus seres, demuestra ciertamente a su Sani‑i Zulcelal, Artífice Majestuoso, los atributos y nombres sagrados de Sani-i Zulcelal también demuestran, muestran y exigen la morada del Más Allá.