De la Vigésima Novena CartaQuinta Parte, que es el Quinto Tratado
﷽
اَللّٰهُ نُورُ السَّمٰوَاتِ وَالْاَرْضِ‥ الخDurante el bendito mes de Ramadán, en un estado espiritual, sentí uno de los muchos misterios de las luces de esta aleya muy luminosa, y lo percibí de manera vaga y borrosa. Así es:
la famosa súplica de Uwais al‑Qarani:اِلَهِى اَنْتَ رَبِّى وَ اَنَا الْعَبْدُ وَ اَنْتَ الْخَالِقُ وَ اَنَا الْمَخْلُوقُ وَ اَنْتَ الرَّزَّاقُ وَ اَنَا الْمَرْزُوقُme pareció ser recitada por toda la creación dotada de vida, cada uno a su propia manera, en súplica a Allah. Vi en una especie de visión espiritual e imaginativa que los dieciocho mil mundos, cada uno de ellos, tenían una luz que era un Nombre divino. Así:
vi que este mundo estaba compuesto de mundos dentro de mundos, como una rosa cerrada con muchos pétalos, cada uno de los cuales estaba envuelto y oculto bajo otro. Cada vez que se abría un velo, veía otro mundo. Y ese mundo me aparecía como lo describe la aleya de la Luz:اَوْ كَظُلُمَاتٍ فِى بَحْرٍ لُجِّىٍّ يَغْشَيهُ مَوْجٌ مِنْ فَوْقِهِ مَوْجٌ مِنْ فَوْقِهِ سَحَابٌ ظُلُمَاتٌ بَعْضُهَا فَوْقَ بَعْضٍ اِذَا اَخْرَجَ يَدَهُ لَمْ يَكَدْ يَرَيهَا وَمَنْ لَمْ يَجْعَلِ اللَّهُ لَهُ نُورًا فَمَا لَهُ مِنْ نُورٍy lo veía en la oscuridad de la desolación, el horror y el terror. De repente, una manifestación de un Nombre Divino aparecía como una gran luz y lo iluminaba. Cualquier velo que se abría ante la razón, mostraba otro mundo ante la imaginación, pero parecía oscuro debido a la negligencia, hasta que la manifestación de un Nombre Divino, como un sol, iluminaba todo ese mundo. Y así continuó este viaje espiritual y esta travesía imaginativa durante mucho tiempo. Entre otros:
Cuando vi el mundo de los animales, con sus innumerables necesidades y su intensa hambre, junto con su debilidad e impotencia, ese mundo me pareció muy oscuro y triste.
De repente, el Nombre “Rahman” se manifestó en el signo de “Rezzak” (es decir, en su significado), como un sol brillante, iluminando todo ese mundo con la luz de la misericordia.
Luego, dentro de ese mundo animal, vi otro mundo donde los cachorros y las crías estaban atrapados en la debilidad, la impotencia y la necesidad, en una oscuridad triste que despertaba la compasión en todos.
De repente, el Nombre “Rahim” se manifestó en el signo de la compasión, iluminando ese mundo de una manera tan hermosa y encantadora que transformó las lágrimas de queja, compasión y tristeza en lágrimas de alegría, gratitud y placer.
Luego, como si fuera una pantalla de cine, se abrió otro velo y vi el mundo humano. Ese mundo me pareció tan oscuro, tan sombrío y aterrador que en mi asombro, grité “¡Ay de mí!”.
Vi que los deseos, aspiraciones y pensamientos de la humanidad, que se extienden hacia la eternidad y abarcan el universo, y sus serias ansias por la eternidad, la felicidad eterna y el Paraíso, así como sus aspiraciones y capacidades, que están dirigidas a innumerables objetivos y necesidades, junto con su debilidad e impotencia, y su exposición a innumerables calamidades y enemigos, se encontraban atrapados en una vida extremadamente breve, una existencia llena de agitaciones y una subsistencia miserable. Además, estaban enfrentando continuamente la angustia más dolorosa y aterradora del corazón: la aflicción perpetua del paso del tiempo y la separación, mirando la tumba y el cementerio, que para los negligentes parecen puertas de tinieblas eternas, y viéndolos como pozos oscuros en los que son arrojados uno por uno y en grupos.
En el momento en que vi este mundo envuelto en tinieblas, mi corazón, mi alma y mi mente, junto con todos los sentidos de mi ser, y quizás todos los átomos de mi existencia, estaban a punto de llorar en agonía cuando, de repente, el Nombre Divino “Ádil” se manifestó en el signo de “Hakím”, “Rahman” en el signo de “Kerim”, “Rahim” en el signo de “Gafur” (es decir, en sus significados), “Báis” en el signo de “Váris”, “Muhyi” en el signo de “Muhsin” y “Rab” en el signo de “Malik”. Iluminaron los muchos mundos dentro del mundo humano, abrieron ventanas desde el radiante mundo del Más Allá hacia ese oscuro mundo humano y esparcieron luces sobre él.
Luego se abrió otro velo majestuoso y apareció el mundo de la Tierra. Las oscuras leyes científicas de la filosofía mostraron a mi imaginación un mundo aterrador. Vi la situación de la humanidad pobre, viajando en la vasta extensión del universo sobre la envejecida y temblorosa Tierra, que con un movimiento setenta veces más rápido que una bala de cañón recorre veinticinco mil años de distancia en un año, y que en cualquier momento está dispuesta a desmoronarse y fragmentarse. Esto me apareció en una oscuridad llena de terror. Mi cabeza giró, mi vista se nubló.
De repente, los Nombres del Creador de la Tierra y los Cielos, “Kadír”, “Alím”, “Rab”, “Allah” y “Rabb‑üs Semavati Vel-Arz”, y “Musahhir-ush Shemsi Vel-Kamer”, se manifestaron en el signo de la misericordia, la magnificencia y el señorío (rububiyet). Iluminaron ese mundo de tal manera que en ese estado, la Tierra me apareció como un barco perfectamente ordenado, sometido, completo, agradable y seguro, preparado para un viaje de placer, ocio y comercio.
En resumen: cada uno de los mil y un nombres divinos, de los que se dirigen al universo, actúa como un sol que ilumina un mundo y los mundos dentro de ese mundo. Y en virtud del misterio de la unicidad divina, la manifestación de cada nombre contenía en cierta medida la manifestación de otros nombres.
Luego, mi corazón al ver una luz diferente detrás de cada oscuridad, deseaba continuar el viaje. Quería subir al cielo montado en la imaginación. En ese momento, se abrió un velo aún más amplio. Mi corazón entró en el mundo de los cielos y vio que
las estrellas, que se mostraban con una apariencia sonriente y luminosa, eran en realidad más grandes que la Tierra y se movían más rápido que ella, girando unas dentro de otras. Si alguna de ellas perdiera su rumbo durante un minuto, chocaría con otra, provocando una explosión tan grande que haría temblar el universo y dispersaría el mundo. No me miraron con una sonrisa, sino con terror, lanzando fuego en lugar de luz. Vi los cielos en una vasta oscuridad, lleno de asombro, miedo y horror. Me arrepentí mil veces de haber venido.
De repente, los bellos nombres divinosرَبُّ السَّمَوَاتِ وَ اْلاَرْضِyرَبُّ الْمَلاَ ئِكَةِ وَ الرُّوحِse manifestaron en el signo deوَلَقَدْ زَيَّنَّا السَّمَاءَ الدُّنْيَا بِمَصَابِيحَyوَ سَخَّرَ الشَّمْسَ وَ الْقَمَرَ". A través de esas manifestaciones, las estrellas, que parecían sumidas en la oscuridad, tomaron un destello de esas grandes luces, y el cielo se iluminó como si se hubieran encendido lámparas eléctricas en cada estrella. El cielo, que se imaginaba vacío y desolado, se llenó de ángeles y seres espirituales y cobró vida. Los soles y las estrellas, que se movían como un ejército entre los incontables ejércitos del Sultán‑i Ezel ve Ebed, Rey de la Eternidad Pasada y Futura me parecieron estar realizando una maniobra celestial, mostrando la magnificencia y el esplendor de la soberanía de ese Sultán-i Zulcelal, Rey Majestuoso.
Con todas mis fuerzas, y si hubiera sido posible con todos los átomos de mí ser, y si me hubieran escuchado, con las lenguas de todas las criaturas, habría dicho, y lo dije en nombre de todos ellos:اَللَّهُ نُورُ السَّمَوَاتِ وَاْلاَرْضِ مَثَلُ نُورِهِ كَمِشْكَاةٍ فِيهَا مِصْبَاحٌ اَلْمِصْبَاحُ فِى زُجَاجَةٍ اَلزُّجَاجَةُ كَاَنَّهَا كَوْكَبٌ دُرِّىٌّ يُوقَدُ مِنْ شَجَرَةٍ مُبَارَكَةٍ زَيْتُونَةٍ لاَ شَرْقِيَّةٍ وَلاَ غَرْبِيَّةٍ يَكَادُ زَيْتُهَا يُضِيءُ وَلَوْ لَمْ تَمْسَسْهُ نَارٌ نُورٌ عَلَى نُورٍ يَهْدِى اللَّهُ لِنُورِهِ مَنْ يَشَاءُ" Recité esta aleya, regresé, descendí y desperté, diciendo: “Elhamdulillahi ala nur‑il iman ve-l Kur'an, Alabado sea Allah por la luz de la fe y del Corán”.